El cerebro: más neuronas que estrellas en la galaxia


Las afirmaciones del neurólogo argentino Facundo Manes (Quilmes, 1969), que goza de gran reputación internacional, sorprenden al más pintado. Sostiene que “el cerebro es la estructura más compleja y enigmática en el universo y contiene más neuronas que las estrellas existentes en la galaxia”. Se estima que el cerebro humano puede tener entre 67-86 mil millones de neuronas. Las estimaciones astronómicas establecen que en la Vía Láctea hay entre 200.000 y 400.000 estrellas. El cerebro es fascinante porque es el único órgano que intenta explicarse a sí mismo. Así nos damos cuenta de que todo lo que hacemos lo podemos llevar a cabo gracias a él, desde respirar, a leer este post o pensar en las cuestiones filosóficas más profundas.

El cerebro no es perfecto, pero sí tiene una gran complejidad y potencialidad. A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se transforma de manera constante. Es un órgano flexible y adaptativo. Esa neuroplasticidad -es decir la capacidad que tiene el sistema nervioso para modificarse o adaptarse a los cambios- permite que las neuronas se reorganicen al formar nuevas conexiones y ajusten sus actividades en respuesta a transformaciones en el entorno. Es decir, nuestra experiencia cambia permanentemente nuestro cerebro. Ese es uno de los principales mecanismos a través de los cuales la especie ha ido evolucionando y adaptándose a lo largo del tiempo, más allá de aquello a lo que estaba predeterminada genéticamente.

En términos anatómicos, el cerebro no cambiará en siglos

Con todos los avances tecnológicos podemos pensar que, tal vez, en un futuro nuestro cerebro esté más vinculado con la influencia de la ingeniería genética y la biotecnología para expandir nuestras capacidades.

Hay autores que sostienen que la evolución en términos de selección natural ya no es tan relevante para los humanos modernos en el mundo cultural y tecnológico en que nos desarrollamos. Lo que sería fundamental es la adaptación cultural y tecnológica. Somos capaces de cambiar el entorno natural de manera eficiente a través del uso de la tecnología.

Las generaciones cambian cada 25-35 años pero la tecnología posibilita cambios más rápidos

Actualmente, somos capaces de manipular genes mediante selección artificial y modificar rasgos biológicos. La tecnología está permitiendo el desarrollo de tejidos artificiales, como piel construida a partir de plástico y dispositivos como retinas artificiales o implantes cocleares, por ejemplo.

Es probable que, en los próximos cientos de años, sea posible crear o regenerar el tejido neuronal que compone el cerebro, lo cual tendría importantes implicaciones en el tratamiento de enfermedades que hoy tenemos como incurables, como la demencia.

Ninguna máquina puede reemplazar a nuestro cerebro

Nuestra mente es mucho más que un procesador de información. Pensemos en todas las habilidades de nuestro cerebro social, cómo entender la mente de otro ser humano, sentir su dolor, responder a él. La empatía, el altruismo y la cooperación son capacidades ajenas a cualquier máquina y fundamentales para nuestra vida. Porque no tenemos que olvidar que los seres humanos somos, básicamente, seres sociales.

Pensemos también en nuestro lóbulo frontal, aquél que se ocupa de las funciones ejecutivas, es decir, de la capacidad para establecer metas, planificar y automonitorear el propio desempeño para alcanzar un objetivo. Gracias a él podemos desarrollar un plan, ejecutarlo, tomar decisiones, inferir los pensamientos de los otros y actuar en consecuencia, inhibir los impulsos y, al mismo tiempo, controlar estos procesos. Vamos a seguir necesitando que cada cerebro siga funcionando con la genialidad que lo caracteriza.

Las emociones viven en el cerebro y son centrales en nuestra vida

Impactan en nuestra memoria porque recordamos mejor aquello que nos conmueve. Por ejemplo, todos podemos recordar dónde estábamos y qué hacíamos durante los juegos olímpicos del 92 o qué hacíamos el 11 de septiembre de 2001, cuando ocurrió el atentado a las Torres Gemelas, pero cuesta recordar qué se ha comido el día anterior. Además, las emociones influyen en nuestra toma de decisiones.

De manera simplificada, podemos entender que poseemos dos sistemas para la toma de decisiones: uno automático y rápido, que es producto de mecanismos evolutivos y otro, lento y racional. A lo largo de un día tomamos muchísimas decisiones y lo hacemos en milésimas de segundo. Estas decisiones se basan en este mecanismo automático que está determinado por las emociones. Una nueva investigación de Charité – Universitätsmedizin Berlin, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, ha evaluado el funcionamiento del cerebro en la toma de decisiones relacionadas con los movimientos.

En realidad, son muy pocas las decisiones que tomamos con el sistema lento -ubicado en la corteza prefrontal- en las que sopesamos los pros y los contras de una situación. Nos guían las emociones, lo racional suele ser la explicación que hacemos de las decisiones con posterioridad a haberlas tomado.

El importante componente ambiental

Nosotros pensamos, decidimos, sentimos, influidos por la gente que nos rodea, nuestros compañeros de trabajo, de barrio, de oficina, nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos. Y también las sociedades en las que vivimos y las historias de esas sociedades. Las particularidades tenemos que buscarlas en las sociedades en las que crecimos y vivimos, en las historias de esas sociedades. Entonces, podemos pensar en sesgos que nos caracterizan.

Esos sesgos son esquemas mentales en función de los que actuamos. Son las estructuras de pensamiento que nos permiten interpretar la información proveniente de nuestro alrededor. Podemos imaginarlos como “moldes” a partir de los cuales formamos una interpretación de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Por lo tanto, tenemos que preguntarnos cuáles son los sesgos del entorno en el que vivimos. A los europeos nos suele sorprender la gran solidaridad africana entre personas, donde es natural reaccionar para ayudar a una persona que se halla en peligro, por ejemplo ahogándose en una ría, aunque sea a costa de poner en peligro la propia vida. O salvando a unos niños de la muerte segura en un incendio en su hogar.

Por eso, como sociedad, debemos ponernos de acuerdo en qué país queremos a futuro, considerar el largo plazo. Tenemos que entender que la viveza real está en lograr una comunidad integrada que actúa con la inteligencia de pensar un proyecto de país basado en el conocimiento, la educación y en consecuencia, en el crecimiento y la igualdad.

Últimos avances de las neurociencias

En las últimas décadas han sido muchos los avances que hemos podido realizar en el conocimiento del cerebro. Podemos decir que en estos años logramos aprender más sobre él que en toda la historia de la humanidad.

Por mencionar algunos avances, se ha demostrado que la memoria, contrariamente a lo que se pueda suponer, no es una cajita en la que guardamos nuestros recuerdos, sino que es nuestro último recuerdo. No se trata del hecho que vivimos porque cada vez que evocamos algo lo vamos modificando. También sabemos que las neuronas continúan generándose a lo largo de toda la vida, incluso, en la vida adulta.

Además, las neurociencias han realizado importantes aportes para entender los distintos componentes de la empatía, de las áreas críticas del lenguaje, de los mecanismos cerebrales de la emoción y de los circuitos neuronales involucrados en ver e interpretar el mundo que nos rodea.

Se han obtenido avances significativos en la detección temprana de enfermedades psiquiátricas y neurológicas, permitiendo diseñar tratamientos y terapias más eficientes. A su vez, profundizamos nuestro conocimiento sobre el proceso de aprendizaje y esto redunda en una mejor planificación de estrategias en el ámbito educativo, entre muchos otros. Todos los avances en el conocimiento del cerebro contribuyen a una mejor calidad de vida de las personas y de la vida en sociedad.

Queda mucho por conocer

Hemos aprendido sobre los procesos cerebrales específicos, pero todavía no hay una teoría del cerebro que explique su funcionamiento general.

Además, los nuevos conocimientos plantean nuevos interrogantes. Así que podemos preguntarnos si alguna vez podremos dilucidar los enigmas del cerebro en su totalidad.

De todos modos, el futuro de la ciencia es muy prometedor y nuestro conocimiento va a continuar avanzando.

La tecnología ha dado lugar a numerosos avances revolucionarios

En el campo de la medicina, se han diseñado muchos instrumentos que permiten diagnosticar enfermedades con mayor exactitud y de manera más temprana. También se han creado nuevos tratamientos y dispositivos que mejoran notablemente la vida de las personas.

Para dimensionar todo esto, cabe recordar un caso muy conocido de una mujer tetrapléjica, sin movilidad en sus extremidades que pudo mover un brazo robótico. Le implantaron quirúrgicamente dos cuadrículas de electrodos en la corteza motora, responsable del control voluntario de los movimientos. A través de estos electrodos se enviaron las señales cerebrales a una computadora y complejos algoritmos informáticos decodificaron e identificaron los patrones cerebrales asociados con movimientos del brazo y de la mano. Entonces, cuando esta mujer pensó en mover el brazo, los electrodos detectaron las oscilaciones cerebrales y un software computacional las tradujo en comandos de movimiento que fueron ejecutados por un brazo robótico. Este avance es revolucionario por el impacto que tiene en la calidad de vida del paciente, por poner un ejemplo.

Por su parte, la tecnología puede generarnos estrés al volvernos pendientes de los correos electrónicos, del último mensaje de nuestro móvil, de la última noticia y llevarnos a la multitarea. En el confinamiento por la pandemia del Covid 19, la tecnología facilitó poder estar conectados, fue una gran aliada de todos. Nos ayudó a llevar mejor estos momentos de distanciamiento físico.

El impacto de la pandemia en nuestros cerebros

La pandemia tiene un impacto negativo en nuestra salud mental. Estamos aún expuestos a grandes niveles de estrés. Nuestras rutinas se vieron completamente alteradas con el confinamiento, tuvimos y quizás aún tenemos miedo y hemos estado tiempo distanciados de nuestros seres queridos.

Asimismo, el malestar económico que resulta de esta situación crea una grave angustia social que es considerada otro factor de riesgo de trastornos psicológicos. Si las sociedades no toman medidas colectivas de protección de nuestra salud mental, vamos a tener una pandemia de enfermedades mentales, argumentan especialistas en salud mental.

Diversas investigaciones registran que las duraciones extensas de la cuarentena se asocian con estrés postraumático, agotamiento emocional, depresión, insomnio, ansiedad, irritabilidad y frustración. En un estudio realizado en Argentina por Fundación INECO a los 72 días promedio del inicio de la cuarentena se observó que la fatiga mental era el factor más importante para explicar sentimientos de ansiedad y síntomas de depresión de las personas. Es importante evitar que esto tenga consecuencias que se extiendan en el largo plazo y se tornen crónicas. La salud mental no puede separarse de la salud física. Se trata de un todo integral.

Por eso es tan importante mantener hábitos saludables como dormir bien, tener una alimentación saludable, evitar el tabaco, el alcohol y las drogas. En este sentido, los expertos destacan que puede ser beneficioso realizar prácticas de relajación y meditación, como el mindfulness.

Ciertos estudios reconocen que las áreas de la corteza prefrontal, asociadas con emociones y funciones sociales, son intensamente estimuladas con la meditación, mientras que las áreas del cerebro típicamente asociadas con el procesamiento de las emociones negativas, tales como la amígdala, disminuyen su actividad. Se trata de desarrollar la capacidad de estar totalmente atento a todos los momentos de la vida, reduciendo la cantidad de tiempo que uno pasa preocupándose por el futuro o por el pasado. Debemos cuidar nuestra salud de manera integral y saber que entre todos vamos a dejar atrás esta situación.

Publicado por neusagullo

Periodista de profesión, mi pasión es escribir en todos los soportes posibles: online -blog y redes sociales- y offline. Apasionada por la Comunicación, el Marketing, la Relación Pública y Organización de Eventos. Asimismo, dedico tiempo a la Literatura.

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