RR.HH. busca astronauta


Sara acababa de ser excluída de un proceso de selección especialmente raro. Se repetía incesantemente pero ¿cómo se puede ser tan torpe seleccionando?. Ni que seleccionaran a un astronauta. No se quejaba de haber caído del proceso casi al final, previamente a la entrevista personal, puesto que al ir superando pruebas de elevadísima exigencia y sin sentido para un puesto de técnico digital, auxiliar en el departamento, sin nadie a quien dirigir, había comenzado a desarrollar cierta inquina hacia la empresa y, si hubiera podido elegir, habría desistido antes del proceso de selección de esa empresa pero no le tocaba más remedio que continuar. Las condiciones contractuales y el salario no estaban mal, comparadas con el pan negro que se daba en el mercado laboral.

Sara era un senior que, como técnica, daba el perfil de lo solicitado -incluso impartía clases sobre la materia- lo que daba idea de sus capacidades para ejecutar el trabajo con éxito. Tarea que, dicho sea de paso, había realizado previamente en otras empresas a lo largo de años. No entendía la dureza inusitada e inexplicable del proceso de selección para un puesto de técnico temporal cuyas herramientas de selección no se correspondían con el puesto de trabajo solicitado. Lo contaba a su entorno como la selección más larga, estúpida y desproporcionada que había visto a lo largo de su vida profesional, en la que cabe decir había ocupado puestos de mayor responsabilidad y decisión con procesos más lógicos. Sara era de las que había accedido siempre a puestos de trabajo a base de pasar selecciones. Nunca tuvo padrinos ni los echó en falta.

Superado filtro curricular

Superado el filtro curricular se extrañó de que -vía telemática- le enviaran un psicotécnico a realizar puesto que si en su casa estuviera su amigo psicólogo laboral, hubiera podido responder perfectamente por ella. Eso era una minucia comparado con el tipo de preguntas en las que medían su capacidad de autoridad, de delegación, su concepto de liderazgo…Pensó que se habían equivocado de test porque el puesto técnico al que concursaba era de asistente técnica -sin equipo que de ella dependiera- en un departamento que -como se encargó de investigar, tras el extraño test- disponía de un responsable consolidado que le marcaría las decisiones.

Supuso que, con la excusa de una selección de un asistente, estarían buscando sustituto para quien dirigiera el departamento. Pero ella, que había incluso ocupado esa posición por selección en otras empresas, no entendía el concepto de selección. Confió en que la selectora sabía lo que hacía…por algo estaría ahí… Pero no sabía entonces aún lo que le esperaba.

Test y pruebas online: rellenables por cualquiera

Con urgencia, le solicitaron respondiera a una batería de tests que -presuntamente- suponía medirían sus capacidades y habilidades puesto que aún no habían realizado prueba alguna al respecto. Seis test contrareloj que medían habilidades y capacidades relacionadas con puestos de secretaría y contabilidad que nada tenían que ver con su cometido.

Sólo un par de ellos tenían alguna lejana relación con su trabajo. Los envió a través de la plataforma digital pero, al principio, le dijeron que no lo habían recibido y -dispuesta a volverlos a rellenar- necesitaba un nuevo usuario.

Pruebas que extravían

Comentado el tema, le manifestaron sus disculpas por la molestia porque en ese mismo momento los habían encontrado. La impresión que transmitió recursos humanos de la empresa era que vivían en pleno caos. ¿Quieres trabajar para esta empresa?, se preguntó. Pero no podía elegir. En fin, ya las habían encontrado y podía asistir a una celebración de su vida personal que la ilusionaba. Pero no sería así.

Momentos después le reclamaban -via telemática y para hoy- una prueba lingüistica de su lengua materna -cuya acreditación académica había hecho constar en el currículum- y una prueba técnica. Comunicó a su gente que no podría asistir al evento que tanto la ilusionaba y se sumergió en las nuevas pruebas. El resultado de la prueba lingüística fue superior al acreditado en la hoja de vida, con lo cual decidió que acreditaría el máximo nivel académicamente en cuanto pudiera. Hizo un pantallazo del resultado, según le exigían, y lo mandó junto con la prueba técnica, que dicho sea de paso era nivel parvulitos. Al menos llegaría a media tarde, quizás podría entonces comer algo…

¿Dónde está la cámara oculta?

Las expectativas se fueron al garete al rato, cuando entró el mail de la seleccionadora: reconocía haber borrado sin querer la prueba lingüística y la técnica; pedía que se las reenviara. En la serie de mails en cadena comentaba que faltaba una prueba por rellenar pero era tal la tralla de mails con despropósitos que Sara -que entonces ya estaba al borde del colapso nervioso- miró la plataforma de pruebas y vió una prueba telemática de una lengua extranjera. Le extrañó y recurrió al mail: ninguna respuesta. Llamó por teléfono: nadie. Así que, ante la falta de instrucciones, cumplimentó incluso esa prueba por si acaso. Prueba que hubiera salido excelente si los vecinos -el que es nativo o el que es profesor de esa lengua- le hubiera rellenado las respuestas.

Tras el día pendiente de una selección contrarreloj -compaginándola con otros quehaceres cotidianos-se durmió deseando que la olvidaran, que la dejaran en paz. Que si querían medir su resistencia al estrés, ya se podían comer su oferta puesto que no estaba dispuesta a enfermar por un puesto de trabajo mal concebido. Confiaba que la última prueba rellenada por si acaso, con hartazgo y a toda prisa por quitarse de encima tal agobio y sin ninguna gana de continuar en ese ambiente la hubiera excluído del proceso.

Ni comunicar descarte

Se sucedieron los días y silencio total por parte de la locuaz seleccionadora. La candidata pensaba: verás como no tendrán ni la educación de comunicarme el descarte. Así fue, hasta que un dia Sara mandó un mail preguntando por el proceso y recibió respuesta tres días después, como si nada. La animaban a volver a postular en el futuro para otra candidatura. Con una sonrisa de sarcasmo pensó que si el puesto era de mayor nivel ¿qué pruebas serían para más allá de astronauta?.

Sara está molesta por esa invasión continuada sin sentido en su vida cotidiana, las exigencias de esto para hoy -perdonen ustedes, puede que tenga más cosas a hacer en su vida- el cúmulo de despropósitos y la falta de educación al no comunicarle la exclusión de la prueba. No por no haber trabajado para ellos puesto que el clima de tensión y de ineptitud que llegaba a través de recursos humanos le quitaron las ganas de trabajar para esa empresa. Así es como la candidata descartó a la empresa de futuras postulaciones.

Publicado por neusagullo

Periodista de profesión, mi pasión es escribir en todos los soportes posibles: online -blog y redes sociales- y offline. Apasionada por la Comunicación, el Marketing, la Relación Pública y Organización de Eventos. Asimismo, dedico tiempo a la Literatura.

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