Los patriarcas se cuadran

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La complicada maraña de conflictos que mantenía un constante enfrentamiento entre dos clanes gitanos del barcelonés barrio de La Mina -lamentablemente conocido por el tráfico de drogas- ha terminado con un acuerdo de paz entre los patriarcas de las dos familias.

Haciendo valer el peso de los mayores entre las personas gitanas, el Consejo de Ancianos de la Mina -apoyado por la Federación de Asociaciones Gitanas de Catalunya- ha conseguido arrancar un acuerdo de no agresión entre el patriarca del clan de ‘Los Manolos’ y el tío Diego Flores Castañeda, jefe del clan de ‘Los Cafeletes’.

Pacto histórico por escrito

En el documento, el tío José Salguero Alunda, máxima autoridad de “Los Manolos” según la ley gitana, “se hace responsable de que a partir de la firma de este documento, el comportamiento de Manuel y Antonio Salguero Alunda y de Manuel y Lisardo Salguero Borja -cuatro de los encarcelados en la operación ‘Veta’- será ejemplar dentro del pueblo gitano con un respeto absoluto a las normas establecidas y que cesarán y se abstendrán de mantener, promover o incitar enfrentamientos con otros miembros del pueblo gitano”.

Por su parte, el mismo pacto de no agresión recoge el compromiso del tío Diego Flores Castañeda, su hasta ahora principal enemigo, quien “se da por enterado y confirma que no existe ningún tipo de conflicto personal con la familia Salguero y en concreto, con el grupo conocido como ‘Los Manolos'”.

Con el fín de que el pacto se mantenga por ambos lados, el Consejo de Ancianos velará “para que nada pueda perturbar la buena vecindad, paz y armonía entre los residentes en el barrio”.

La ley gitana ha podido más que el sistema

Tiroteos de madrugada en la Mina, intentos de asesinato, peleas y otras reyertas derivadas del enfrentamiento entre clanes han requerido reiteradas intervenciones de los cuerpos de seguridad. La primera operación policial contra ‘Los Manolos’ fue a mediados de los ochenta. Han sido protagonistas asiduos de las páginas de sucesos, la mayoría de veces por tráfico de drogas.

La operación “Veta” fue posible por la coordinación de dos unidades de Mossos d’Esquadra porque investigaron la estructura del clan y descubrieron una organización claramente jerarquizada que cometía robos violentos y extorsionaba a sus rivales. Al final, ambas apuntaron hacia el mismo núcleo: ‘Los Manolos’. Asimismo, otros incidentes posteriores apuntaron a otro clan y el resultado de la operación se saldó con detenciones y cárcel.

Ni las detenciones ni los fallos judiciales habían conseguido frenar el enfrentamiento entre clanes, lo cual demuestra la nula eficacia de los mecanismos represivos policiales e incluso de las sentencias judiciales. La intervención de mediadores y otros perfiles pertenecientes a asuntos sociales de los municipios han sido aún caso menor para paliar los disturbios en la Mina. Sólo han sido determinantes para pacificar a los clanes la decisión de los ancianos y la ley gitana.

Entender al pueblo gitano

El pueblo gitano es un grupo étnico. Se entiende por grupo étnico a aquellos individuos que comparten un origen común, real o imaginario, con una misma lengua materna, unidos por un complejo de caracteres comunes, cuya asociación constituye un sistema propio, una estructura esencialmente cultural.

El eje fundamental de la vida gitana es la familia. Sociológicamente hablando, la familia es la unidad más
pequeña de convivencia: padres, hijos, abuelos, tíos y primos. Este concepto no es real en los gitanos,
que tienen una visión más amplia, extendiéndose tal concepto hasta más allá de los vínculos de sangre.
En el grupo familiar o “linaje” es donde el gitano forma su personalidad, se desenvuelve, participa y
encuentra todos los mecanismos de defensa y cooperación. Tanto es así que un gitano no es reconocido
como tal si no se sabe de qué familia procede. Cada uno de estos “linajes” son independientes y autónomos y sin ningún vínculo de poder de unos sobre otros. La filiación es patrilineal, es decir, cuando un niño nace el grupo al que pertenece es al del padre.

Cada familia extensa funciona como un ente independiente, las relaciones entre los distintos linajes se
fundamentan en esta independencia. El poder de una familia indudablemente lo da el número de varones con los que cuenta. Cualquiera puede ser un hombre fuerte pero no cualquiera es un hombre de respeto. El hombre de respeto ha de tener una reputación intachable en el cumplimiento de las normas gitanas, pasando a considerarse como gitano de respeto o prestigio a partir de los 50 años.

Los valores gitanos

Así, los principales valores del pueblo gitano son transversales, habiten en el país que habiten. La familia es una institución suprema: los hijos y los ancianos gozan del respeto y la consideración máximos y es obligado el cuidado de los hijos y los ancianos.

Además, existe el deber de ser hospitalario -obligación que debe manifestarse con agrado-, el cumplimiento de la palabra dada y, ante todo, la ley gitana, la libertad como condición natural del individuo, la solidaridad entre miembros y el cumplimiento de las decisiones de los ancianos si forman parte de la ley gitana.

Los miembros del pueblo gitano creen que ofenden a su Dios cuando infringen alguna de las normas impuestas por la ley gitana, como faltar al sentido de la unión o no ayudar a sus iguales.

Código legal ágrafo pero contundente

La falta de un código de Derecho escrito no implica su inexistencia. El carácter ágrafo de la cultura gitana ha dado lugar a un cuerpo de leyes no escritas. Son considerados como delitos cuestiones tales como: el robo o el engaño a otro gitano, abandonar a la familia en trances difíciles, invadir los límites del territorio de una familia “contraria”, delatar a otro gitano y no cumplir con las leyes impuestas por un consejo de ancianos.

Al ser las leyes orales, los límites que marcan la diferencia entre lo que es ley -regla impuesta, de obligado cumplimiento- y lo que es norma o costumbre -práctica de uso común entre los miembros de un grupo-, son a menudo difusos. De ahí, la organización de mayores y ancianos que valora la cuestión. Cualquier gitano que comete un delito tendrá que cumplir dos penas, la impuesta por la ley española y la impuesta por la ley gitana.

La ley gitana es de obligado cumplimiento pese a no estar escrita y la dicta el patriarca o conjunto de patriarcas del grupo familiar, esto es, los ancianos. Lo normal es que sean los mayores o patriarcas quienes presidan la ley gitana, por lo que este reglamento puede variar según cada familia y las creencias de su patriarca. Aún así, por lo general, el incumplimiento de las leyes impuestas por un consejo de ancianos es considerado por el pueblo romaní como delito imperdonable.

Los mayores deciden

Si se produce algún tipo de conflicto, quienes deberán decidir el destino final de dicha disputa serán los gitanos de respeto o tíos de la zona, quienes formarán un Consejo de Ancianos para debatir acerca de lo que se debe hacer y tomar finalmente una medida que dé por solucionado el conflicto.

La decisión de los gitanos de respeto se basará, ante todo, en los valores de la etnia y deberá ser beneficiosa para ambas partes, que deberán aceptarla sea cual sea.

Incumplir la ley gitana suele tener por consecuencia la imposición de algún tipo de sanción que dependerá de la gravedad del delito. Las sanciones habituales pueden ir desde la agresión física hasta la prohibición expresa de pisar un determinado territorio. La sanción más grave sería la expulsión del grupo familiar al que se pertenece, conocida como «destierro».

Señas de identidad

Desde 1971, el 8 de abril se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano para conmemorar la celebración del Primer Congreso Internacional del Pueblo Gitano, que tuvo lugar en Londres ese mismo año. Se trata de uno de los días más importantes del año para la comunidad romaní porque en este congreso se acordaron algunas cuestiones fundamentales como las que se detallan a continuación: la bandera, el himno, su lengua oficial -el romanó, de la cual es dialecto el caló que se habla en el estado español-, su folcklore -entre varios géneros, el flamenco- y el reconocimiento internacional de celebraciones antiguas, como la Ceremonia del Río, en la que los gitanos de todo el mundo rememoran y comprenden la historia de los Roma, así como cultura e idioma.

El término Roma, denominación escogida en el 1º Congreso Mundial Gitano, agrupa a las diversas poblaciones gitanas de todo el mundo, si bien de manera más específica algunos autores abogan por hablar de tres grandes grupos de gitanos: los Roma, los Sinti y los Calés. También existen otros grupos denominados tradicionalmente según los oficios a los que se dedicaban o las zonas en las que vivían como los kalderas y los manuches. En algunos países existen también poblaciones que no tienen un origen étnico gitano pero sí estilos de vida similares a los gitanos nómadas: los Traveller, en el Reino Unido, o Les Gens du Voyage, en Francia y otros países.

Hoy en día la comunidad gitana está repartida por todo el mundo. Entre 10 y 12 millones viven en Europa, principalmente en países como Rumanía (2 millones), Eslovaquia, Bulgaria, Hungría, Grecia y Francia, entre otros. En otros muchos países del mundo, de los cinco continentes hay presencia gitana, como en Turquía, Estados Unidos, México, Colombia, Brasil…

En el estado español, al no recogerse la etnia de las personas en los censos de población, es muy difícil cuantificar el número de habitantes gitanos. A partir de estudios sociológicos -como el elaborado por el Secretariado Gitano en 1978, con una muestra de unas 20.000 personas- se calcula unas 725.000 personas, lo que entonces suponía alrededor del 1,57% del total de la población española. Se estima que más de la mitad de gitanos que habitan en el estado español se concentran en Andalucía.

Entendida su férrea cohesión identitaria como pueblo independientemente de dónde habiten, conocido el funcionamiento de los pertenecientes a la etnia gitana y vista la importancia de la legislación oral del pueblo gitano, sus valores y sus leyes es de esperar que el documento firmado en el barrio barcelonés de la Mina por los patriarcas de Manolos y Cafeletes será respetado por los miembros de sus clanes, lo cual cierra décadas de conflictos y enfrentamientos entre estos clanes gitanos.


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