Vísceras y millones de euros

No puedo resistirme a redactar un texto de opinión sobre el contenido que ha disparado audiencias por encima de los relacionados con el COVID. Cierto es que costaría encontrar a quien levantara la mano si preguntáramos quien no está harto de la tralla continuada sobre el bicho, las vacunas y toda la barrila que se está dando con el virus a la población por televisión.

La poca previsión, expresa o no, de programar contenidos televisivos “refrescantes” desde que se declaró la pandemia -que ayuden a desconectar del COVID al televidente por pura salud mental- ha causado que el especial “Cantora: la herencia envenenada”, presentado por Jorge Javier Vázquez, se convirtió en lo más visto en televisión de esa noche.

El hijo de Isabel Pantoja dejó hipnotizados frente a la pantalla a más de 3,7 millones de espectadores, según fuentes de Telecinco, lo que viene a ser un 31,5% de share. “Cantora: La herencia envenenada” llegó a reunir, en el minuto de oro, a 4.999.520 espectadores, alcanzando el 56,6% de cuota en ese pico. Su curva fue apabullante y terminó rozando el 60% de share a las dos y media de la mañana, datos sólo alcanzados por grandes emisiones deportivas.

Por ejemplo, la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, emitida en La 2 el 25 de julio del 92, fue seguida por 5.957.000 espectadores, con una cuota del 62,4%. La espectacular encendida del pebetero en el Estadio Olímpico de Montjuïc por parte de Antonio Rebollo a las 22.40 horas supuso el minuto de oro con una cuota del 64,9%, lo que equivale a 6.811.000 espectadores.

Si tenemos en cuenta la sustancial diferencia, como contenido, entre la importancia del mayor evento deportivo acaecido en el Estado español y las penas del hijo de una famosa, poco tiene Kiko que envidiar a la retransmisión de la ceremonia inaugural de los JJ.OO Barcelona’92 por la diferencia de espectadores. Si bien el perfil de televidente no es el mismo en un caso que en el otro, si buscamos un contenido del mundo de la víscera, el que tocó techo en Telecinco antes de la entrevista a Kiko fue el caso Mainat donde un Sálvame reventó techos de audiencia con 2.065.000 espectadores.

Como es lógico en una empresa -que busca la rentabilidad- entregan la parrilla de programas al caso. Seguirán tirando del hilo y entrando en bucle con los Pantoja y los Rivera hasta el día del juicio final. El efecto de arrastre del programa beneficia a otros medios del grupo al cual pertenece Telecinco y a otros medios que van chupando rueda sobre lo que genera Vasile y compañía.

Nada es casual

Casualmente este enfrentamiento entre madre e hijo ha llegado en el momento en que las cuentas de ambos, especialmente las de Kiko Rivera, están en números rojos. La crisis económica por el cierre de locales de ocio y espacios de conciertos ha hecho grandes daños tanto para la madre como para el hijo.

El hijo de la folclórica perdió sobre cinco millones de euros incautados por deudas con hacienda sobre su loft y también como consecuencia de sus adicciones. Además, lleva ocho meses con su discoteca ‘Hoyo’ completamente cerrada. Los trabajadores en el ERTE y él afrontando todos los gastos sin obtener ingresos. Este 2020 han quedado todos sus bolos cancelados. Además, no están siendo tan sonadas sus últimas canciones. Es un año especialmente difícil para él.

Hijo y madre, ganan

Pero no hay problema para Kiko Rivera. Sentarse en un plató de ‘Sálvame’ es una solución a tiempo. El DJ se sentó en el ‘Deluxe’ con anterioridad para hablar de las supuestas infidelidades a Irene Rosales. Tras su mirada cabizbaja se escondía un plan maquiavélico que estaba a punto de explotar en su cabeza. El marido de Irene Rosales está dejando la imagen de su madre por los suelos pero eso no importa con todos los ceros que se está embolsando. Él dice que no hace esto por dinero pero lleva la friolera cifra de 80.000 euros ingresados.

Estos 80.000 euros corresponden a su entrevista en el ‘Deluxe’, que se pagó en torno a los 25.000 euros, su entrevista en Lecturas, que se hablaba de unos 30.000 euros pero podría haber negociado el precio al alza y mucho más después de la audiencia obtenida.

Isabel Pantoja no para todo esto porque le beneficia. Estará tirando por tierra su faceta profesional y personal pero acaba de renovar su contrato de exclusividad por la cifra de 2 millones de euros. A millón por año. Concedió un reportaje fotográfico de portada a la revista ‘Hola’. Debido a su imagen y a la entrevista habría ingresado unos 100.000 euros tal y como comenta Isabel Rábago en su blog.

Una operación preparada

Tal expectación no surgió de la nada puesto que la prueba ante la respuesta de la audiencia se realizó un mes antes. En octubre, Kiko Rivera fue a Sábado Deluxe y hubo llamada en directo de Isabel Pantoja, que por intentar apagar ese primer fuego ha acabado desencadenando la gran explosión. Primero, con la incendiaria entrevista del pequeño de los Rivera a Mila Ximénez en una revista, y posteriormente con su charla de más de cuatro horas con Jorge Javier Vázquez en Telecinco, definida por el presentador como la noche “más impactante” de su carrera en televisión.

Pero el impacto del programa no acaba aquí. A posteriori, el efecto arrastre no sólo en televisión, también en medios impresos, digitales, en radios arrojan números de escándalo. Son legión los youtubers -que nunca se sabe para quién trabajan en realidad-, los que bajo la simulada candidez de una información nueva, están colgando vídeos a diario sobre la familia. YouTube remunera, según los seguidores, y abren la puerta a un tipo de público que se informa mayoritariamente por Internet. Es decir, llevan más allá de la televisión la información que mantiene caliente el brasero.

Isabel Pantoja no piensa quedarse callada ante las palabras de su hijo. Sólo espera que el soufflé suba lo suficiente para negociar al alza sus honorarios. Contestará a la polémica como madre dolida y víctima de la situación. Por esta nueva entrevista que prepara podría ingresar, yendo a la baja, 5 ceros más. Se estaría hablando de unos 100.000 euros más por ella. Kiko Rivera ya ha dejado claro que esto es una trama y puede tener muchos capítulos. A las ganancias de ambos en televisión y papel couché habrá que sumar las ganancias por indemnizaciones derivadas de pleitos que no serán pequeñas si están bien defendidas. Si alguien tiene buenos abogados para ello es Isabel.

Además, no hay que dejar de lado que todo es una estrategia de Telecinco. Le llaman trampantoja. Programas diferentes se ayudan entre sí: Isabel, en “Idol Kids” -cuyas audiencias estaban por los suelos-, su hija en “La Casa Fuerte” -también con audiencias de pena- y Kiko haciendo Sálvames.

Madre e hijo se están llenando los bolsillos a costa de abrir una pactada y ficticia guerra familiar que podría culminar con un programa especial para hacer las paces en directo o incluso con la retransmisión de la Campanadas de Fin de Año, no es nada descabellado.

¿Por qué el tema vende tanto?

Además de que es uno de los temas que salta con una espectacular cifra de audiencias a lo largo de la monotonía del COVID, guste o no, aporta un contenido distinto que consuela al más pintado de la situación que sea: la viuda de un torero, que ha subido en soledad al hijo de ambos, que ha cumplido cárcel por blanqueo de capitales siempre ha vivido de la pena.Ahora resulta ser una “mala madre”, según nos explica un hijo que se siente traicionado y estafado en relación a la herencia paterna.

“Hay que ver, con el dinero que ha ganado esta mujer y mira lo que le ocurre: cierto es que el dinero no da la felicidad”. Éste es el pensamiento de todos los que ahora nos sentamos ante la televisión a oír sus miserias. Consuela al más pintado en épocas de carestía y sonreímos beatíficamente a nuestra querida familia normal mientras las penurias económicas del momento que nos acechan, quedan, milagrosamente en segundo plano. Es un anestésico eficaz por si se te ocurre protestar por la situación económica por la que atraviesas durante una crisis económica agravada aún más por el COVID o por los malabares financieros, vaya usted a saber…

El añadido de “una mala madre” ya es la guinda del pastel puesto que nada hay más valorado en casa del pobre que el amor, puesto que con amor y salud hay que conformarse. Es lo que acabamos pensando mientras nos acurrucamos en el hombro de un ser querido y nos clavamos ante la pantalla. Efectivamente, ninguna de nuestras madres fue una mala madre porque los decimos nosotros. ¡Qué suerte, la nuestra!

Nada más intocable para un hijo que una madre y Kiko se atreve a llevar unos papeles que dice que demuestran cómo le ha perjudicado económicamente. Pero es que, además, dice el hombre que su madre no ha estado por su proceso de rehabilitación, que ni siquiera se habla del tema en familia, que no sabe ni quién ni dónde está su médico…ah, eso ya es el colmo para quien se conforme con que una madre haga y deshaga a su antojo con las propiedades del hijo. Eso sí que no. A una madre se le perdona todo menos que no cuide de su hijo hasta el último suspiro.

El componente del morbo de la muerte en un dispensario de una plaza de toros de segunda categoría se va difuminando en tanto en cuanto se menciona la herencia del muertito, a quien intenta mantenerse en plano de actualidad a través del cotilleo sobre sus trajes de luces, capotes y otros trastos del toreo. Las esmeraldas -como si fueran brillantes- son mencionadas cual si se tratara de la Esmeralda Gachalá -o Esmeralda Emilia- que forma parte de la colección permanente del Instituto Smithsoniano de Washington tras ser donada por el joyero Harry Winston.

La cosa variaría aún más cuando después de crear expectación y calentar motores con las esmeraldas que el torero trajo de Colombia y dejando en el aire su gran valor, entre spot y spot, se anunciaran las “Esmeraldas Cantora”, bellas piedras que se anunciaran en la cadena. Los dueños de la finca ya están tardando -o quizás esté más preparado de los que pensamos- en cobrar royalties por el uso del nombre. Nada extraño si seguimos el ejemplo al que se forra prestando su apellido a cosas variadas: Trump. Y es que como dijo Salvador Dalí, “con los recuerdos pasa como con las joyas: los falsos parecen más reales.”

Otro aspecto que le da tirón al asunto son las relaciones de los pantojos que se han atado a los cimientos de Cantora: las de ella, que nunca defendió abiertamente sus relaciones con mujeres, son morbo menor cuando se abre la puerta a la intriga de las relaciones ocultas del tío Agustín, viajero a México tiempo ha para visitar a un cantante y acompañado ahora por paños de lágrimas, según dice el papel couché. Es la España rancia que disfruta cuchicheando, cotilleando con la condición sexual de hombres o mujeres. Aflora lo cutre y lo antiguo de una parte de una sociedad dividida en dos: la que juzga severamente bajo la mantilla y la que admite a cara descubierta algo que es plena normalidad.

Son las claves de cualquier novela de éxito: muerte, dinero y sexo. A ver quién iba a perderse un relato tan abierto al morbo colectivo cuando la alternativa es comerse el tarro con el virus, científicos y vacunas. No hay color, aunque sepamos que es un montaje. Incluso aunque a veces nos echemos más de una risa por presentarnos como vianda de primera las sospechas de la relación sentimental con fulano o mengana. Quien ha encontrado su Esmeralda Emilia es Telecinco, la narradora de una novela que transita entre las sospechas, los legados, la traición y las sábanas, aunque tengan que pagar peaje a Riveras, Pantojas y a cualquiera que se ponga por delante: exempleados domésticos, trabajadores de la finca… ¿Qué importa? La cuestión es vender vísceras por millones mientras los ingresos publicitarios se disparan.

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